Cuaderno de Apuntes
  Edición Nº 15 - Sección: Portada


:::.. Los habitantes en las primeras décadas ..:::


LA VIDA COTIDIANA: Al ocuparse estas tierras fundamentalmente por fincas rurales, con fines de esparcimiento y recreación para las familias propietarias, ocurría que la afluencia de público hacia nuestra zona se producía entre los meses de diciembre y marzo. En ese lapso, grupos familiares enteros, con la servidumbre que los acompañaba se instalaban en Monte Grande o las localidades próximas, desarrollando actividades sociales, deportivas, religiosas, etc., que en el resto del año disminuían o desaparecían totalmente. También, por supuesto generaban mayor demanda de artículos de consumo diario, dando mayor trabajo a los pobladores permanentes.

Era el característico pueblo de campo bonaerense. Con sus escasos y habituales lugares de reunión: el almacén con despacho de bebidas, la botica, el frontón.

“El poblado en sí, incipiente y modestísimo, cubría próximo del ferrocarril, como era común en esas épocas especulativas de tierras de muy pocas manzanas parceladas y mucho menos edificadas. Tenía sus clásicos almacenes con despacho de bebidas a un costado. Los parroquianos se animaban al atardecer, algunos apoyados sus codos en el estaño, bebiendo la consabida caña quemada o el vasito de ginebra, clásicas bebidas de nuestros paisanos; otros sentados no siempre en aquellos rústicos banquillos solían encaramarse en las grandes bolsas de yerba mate aún cerradas y también en las de azúcar.

COMERCIOS, SERVICIOS, ACTIVIDADES ECONOMICAS: FIGURAS RECORDADAS

El almacén “El Silencio” de Don Antonio y Pedro Cervetti, cumplía este cometido tanto para los lugareños como para los forasteros.

            Allí se jugaba a los naipes, se organizaban las clásicas carreras cuadreras y se pasaban las horas en las competencias de pelota a paleta, en las que se rivalizaba en destreza física o se apostaban buenas sumas por los favoritos.

            La botica, la primera de Monte Grande, perteneció a Don Pedro Vetrini (1906), que al poco tiempo compraría Félix Picquart (1910). Eran épocas en las que el farmacéutico orientaba el tratamiento de dolencias ante la falta de un medico de cabecera. Téngase presente que si bien durante el periodo estival algunos médicos de la capital se instalaban en estos parajes, durante el resto del año brillaban por su ausencia. El primer médico que se radica en el pueblo, el Dr. Emilio Cardeza, llegó recién en 1913.

            El almacén de ramos generales de Omega Petrazzini, instalado en 1890, era el lugar de paso obligado de los troperos que conducían la hacienda para la ciudad. También importante lugar de reunión de los pobladores. La esposa de Petrazzini, Doña Amalia, practicaba curas de primeros auxilios a los accidentados y don Omega cuando era necesario los llevaba en su chata de dos caballos hasta Lomas de Zamora, para una atención médica más efectiva. En este comercio se instaló la primera estafeta de Correos que funcionó en Monte Grande.

            El carnicero y el lechero llevaban los productos a domicilios. Inclusive el carnicero tenía una especie de mostrador portátil donde se despostaba la parte del animal que el cliente requería.

Por supuesto la faena del vacuno se hacia en mataderos en las afueras del poblado. Según las crónicas el primero de aquellos carniceros ambulantes habría sido en Monte Grande, un tal Silvio Rodríguez.

            En cuanto al tambo, el primero con el que se abastecía a estos lecheros ambulantes habría estado enclavado entre lo que hoy son las calles Nuestras Malvinas y Máximo Paz.

Cabe señalar aquí que la mayor producción tambera de la zona era la de Ezeiza y Tristán Suárez. la que además de saciar las necesidades de sus propios pobladores, se la dedicaba, básica­mente, a cubrir la demanda de leche vacuna del importante mer­cado de la Capital Federal.

También, era muy frecuente en todas las chacras y quintas el cultivo de montes de durazno, que proverbialmente tenían una calidad especial en estos lugares y se dice que al llegar se ofre­cía "el espectáculo de un extenso damero de importantes plantaciones de ese frutal que atesoraban las mas  variadas especies ex­quisitas". Se recuerdan los cultivos de los huertos de Mari­noni, Valsechi, Reta, Orbea, Guillón, Bruzzone, Alvarez de Toledo, Delfino, Ferro, Santamarina, Ramos, Chimondegui, Chiaramonte, Azcueta y otros.

Justamente, en esas estancias  surge el nombre de nuestra ciudad “Monte Grande”, debido a sus grandes montes frutales.                                                      


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